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21 de septiembre 2026
MOMENTOS POLÍTICOS

Bendita Radio - Jose Ciccone

 

Qué lejos quedaron los tiempos cuando allá por 1918 los publicistas comenzaron a colaborar en campañas políticas de los Estados Unidos, cuna de la especialidad, cuando el profesional más prestigioso en el arte de vender, Albert Lasker, fue convocado por el líder republicano Theodore Roosevelt para apoyar al partido en vísperas de las elecciones legislativas de ese año. Así quedó registrado el primer intento y posterior triunfo de nuestra profesión en disputas políticas, aunque fue 34 años más tarde, en la campaña y posterior ascenso a la presidencia de Dwight Eisenhower en noviembre de 1952, cuando se aprovechó al máximo un medio masivo como la televisión -ya sumaban varias decenas de millones de aparatos en los hogares-, para poder ganar las elecciones. A partir de entonces, este poderoso medio de comunicación jamás se separó de los intereses marcados por las disputas entre los dos partidos, se volvió un aliado comercial de ambos.  

Subrayar la enorme importancia de una buena estrategia de comunicación en las contiendas políticas de todo el mundo resulta ocioso y poco novedoso. También lo es señalar que, en México, muchos políticos aún no reconocen ni valoran debidamente a los profesionales especializados que existen en esta materia en todo el país. Hoy la ecuación es simple: si el candidato gana, se atribuye el triunfo a su carisma arrollador, a su vasta experiencia y al apoyo irrestricto de su partido; si pierde, lo más probable es que responsabilice a su publicista y a su equipo de campaña por no haber comprendido del todo el elevado e impoluto mensaje que quiso transmitir a sus ciudadanos objetivo.

Desde que llegué a México -hace 50 años-, el medio siglo vivido aquí me dio la posibilidad de conocer muchos políticos de fuste que transitaron por la vida de este generoso país. Nunca como ahora, desde Baja California, mi prisma se vio tan afectado, tan lleno de dudas e incertidumbre cuando soy consultado para dar mi opinión sobre el tema de la política que se ejerce actualmente, sin que esta visión objetiva actúe condicionada por ningún partido o personaje que se proyecte o compita en estos momentos o en el futuro.  

La política y un servidor tienen una larga historia de amor en común, por esa razón me pesa sobremanera verla tan desprestigiada ante los ojos de la gente que sólo vieron  beneficios personales de algunos seudo políticos, más que aportaciones o bienes y progreso colectivo. Me consta que muchos que la ejercen, aman la política en este país, pelean por sus principios éticos y la abrazan como un  impulso de vida, una sobrada razón para justificar su existencia, no un atajo hacia un cargo público, como lo han demostrado funcionarios que entran al gobierno sin dinero en sus arcas familiares y salen, o permanecen en él, enriquecidos hasta el hartazgo personal o el fastidio que termina en odio del ciudadano común hacia ellos, más el descrédito al genérico que es la política, lo que ocurra primero. Son pocos los funcionarios que soportarían ‘la lupa’ de seguimiento personal, desde que ingresaron a un cargo y cuando les tocó dejarlo. El debe y el haber.   

Es menester recordarle a quienes en días recientes tomaron la responsabilidad de conducir grupos políticos o partidos, que primero deberán pensar en el beneficio colectivo, en la justicia plena de alcances profundos, en el progreso y bienestar que se vea, se palpe y se sienta en obras para el bien común, nunca más para intereses particulares, en ciudades mejor planeadas, en la corrección del déficit de seguridad vivido y a partir de ahí, facilitar el desarrollo individual. Ese es el camino.  

Es claro que esto no sucederá por obra de un milagro guadalupano. Hace falta que una buena parte de los ciudadanos abandonen su actitud pasiva a la hora de tomar acciones o salir a votar, que salgan de su apoliticismo que tanto daño nos hace. La fórmula es bien conocida, el pueblo elige a sus dirigentes, les delega su potestad para conducir los destinos de nuestro estado. Esa toma de conciencia resulta hoy imprescindible para que podamos desarrollarnos en lo económico y en lo proyectado -más que crecer caóticamente como hasta hora- y así poder crear un vínculo protector con mayor justicia social.

Solo en nuestras manos radica la posibilidad de un cambio verdadero.  

Creo que la política debe volver al centro de la escena, porque las sociedades se estabilizan cuando construyen consensos amplios entre la mayoría de sus fuerzas y corrientes de pensamiento. Demos paso, en Baja California, a nuevos actores políticos capaces de defender las instituciones y proponer ideas; a jóvenes que trabajen junto a figuras con experiencia, trayectoria, sensatez y honradez comprobada. No importa el color ni la inclinación partidista: importan las intenciones, las uniones genuinas, no aquellas armadas para la foto, las aportaciones y soluciones que puedan ofrecer, que los hechos le ganen al palabrerío inútil, ya es hora.  

 

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