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In Memoriam

-El poder no cambia a las personas, sólo revela quienes realmente son-.

Cuando él nació, Uruguay no llegaba a los dos millones de habitantes, al comienzo de ese año se produjo un movimiento llamado ‘La Revolución de Enero’ que luchó contra el régimen dictatorial de Gabriel Terra, instalado por un autogolpe de estado, desde 1933.

Por eso resulta fácil colegir que Pepe Mujica nació cuando muchos ciudadanos del país empezaban a enfrentar las injusticias con valor y decisión, esa fue su principal razón por la que luchó con denuedo y pasión desde muy joven, pergeñando un modelo de nación ejemplar que anhelaba para su querido país. Con su liderazgo y un grupo de seguidores, se empezó a desarrollar la primera socialdemocracia del Cono Sur. Otros compañeros lo acompañaban en sus metas políticas que eran idealistas -al estilo de Immanuel Kant-, con la convicción de lograr mejoras en el grueso de la población. Para la mayoría de esos militantes activos, la meta nunca pasaba por el dinero, -dicho sea de paso, como se hace en nuestros tiempos de carreras políticas por prebendas descaradas y robos recurrentes a la luz de la realidad-. Sabían que la tarea sería titánica, porque para los pocos privilegiados acostumbrados a vivir del esfuerzo ajeno, o de herencias centenarias, resultaría incómoda la presencia de Mujica y la de otros revolucionarios que pretendían sembrar otro tipo de conciencia en esa rica y generosa nación de campo fuerte, gente noble y capacitada que hoy, muchos años después, se destacan notoriamente, por sus cualidades intelectuales y su capacidad creativa. Hay uruguayos trabajando con éxito en varios puntos del mundo.

Allá por los años cincuenta, a Uruguay le decían “la Suiza de América”, luego las cosas tomaron otro rumbo, donde las divergencias dominaban a las creencias y la polarización extrema decía presente, en ese pequeño país de solo 176.215 Km2, con poco más de 2.240.000, habitantes en aquellos años y muchos cambios por delante.

El clima político se ponía candente, entre los que querían seguir igual y los que no.

Entrados ya en 1960, Pepe y su grupo de compañeros crearon el Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros, acusados de terroristas, los encarcelaron más de una década, además, por subversivos y secuestradores. Mujica siempre sostuvo que eran un movimiento político armado y no al revés, ‘un grupo armado queriendo hacer política’. Al igual que él, baleado, fugado y aprehendido cuatro veces, algunos de ellos escaparon y los volvieron a detener, otros salieron del suelo natal y muchos se quedaron en el país a pelearla, fueron años difíciles, donde toda América del Sur, sin excepción-, estaba dominada por gobiernos de facto, que actuaban en perfecta y bien planeada coordinación, para eliminar cualquier movimiento de izquierda, marxista o de ese color. Era sabido que Cuba presionaba y abonaba con adoctrinamiento, -cuando el caso lo ameritaba, o era factible-, en la creencia que cualquier país de Latinoamérica podía repetir la exitosa hazaña, similar a cuando tomaron La Habana y luego el país. El correr del tiempo, se encargó de demostrarnos que ese sueño realizado por ellos era irrepetible en otras naciones. Hoy, en pleno 2025, los burdos, pésimos y malos ejemplos de Nicaragua o Venezuela, hablan por sí solos. Representan una caricatura dictatorial de poca monta.

Se casó con la militante política Lucía Topolansky -la compañera fiel de toda su vida-, en el 2005, aunque estaban juntos desde muchos años atrás, cuando Mujica permanecía escondido, protegido por gente que lo acompañaba fielmente en su cometido.  

Encaminado hacia su propósito político y dejar de actuar en las sombras de la clandestinidad, comenzó a tomar luz la creación de su propia agrupación política, el partido Movimiento de Participación Popular -MPP- que luego fue aceptado dentro de la coalición del Frente Amplio. Comenzó ahí su rol como político, siendo primero Diputado, luego Senador y más tarde ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca. Hasta que el 30 de noviembre del 2009, resultó electo presidente de Uruguay, apoyado por una amplia mayoría. Desde el comienzo de su mandato, se distanció del estilo de gobierno como los de Hugo Chávez, Evo Morales o la familia Kirchner. Tomó como modelos de centroizquierda a Ignacio -Lula- Da Silva del Brasil y Michelle Bachelet en Chile. En el año 2020 renunció a su vida política y se retiró de las actividades, sin dejar “sustitutos ni dedos índices”, que señalaran quién sería el próximo favorecido/a. Ejemplar, plausible, imitable, sin dejar a nadie ni predisponer con alguien para ‘la que sigue’. Dejando una guía clara y contundente de cómo debe actuar un líder decente, limpio y de prístina trayectoria.           

Discutido o no, porque como resulta en los países que viven en democracia donde deben convivir respetuosamente distintas corrientes políticas, disentir y finalmente consensuar, José Mujica fue ejemplo en muchos sentidos, empezando por haber demostrado siempre, congruencia entre sus pensamientos de izquierda y su proceder moral, además de ser un modelo de honradez a toda prueba y demostrada humildad digna de encomio, alejado de suntuosidades y extravagancias, así como predicó, vivió hasta sus últimos días.

Aunque los gobernantes, desde sus púlpitos, digan que la que manda es la mayoría, no es fácil demostrar que -efectivamente- ellos viven como la mayoría. Él cumplió con esa premisa indispensable, para vivir en congruencia, hacer lo que se dice, no como promesa política ulterior, sino como palabra de honor empeñada al juicio ciudadano, hoy eso no es poca cosa. Descansa en paz admirado Pepe, ojalá tus consignas de justicia con equidad comiencen a florecer con fuerza algún día no muy lejano y seamos testigos de ello.

Aquel viejo y anhelado sueño que la sociedad toda, sea tratada sin distinciones odiosas que agravian a las mayorías indefensas y envilecen a los poderosos que detentan el mando, aquellos que todavía no entienden que, sin masa, no habrá sagrado pan cada día.

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